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El Día de las Camisas Blancas rinde homenaje al movimiento de “ocupación” original

75 años después de plantarse sentados por solidaridad


Arriba izq.: Geraldine Blankinship, de 92 años, apoyó la Brigada de Mujeres Auxiliares y de Emergencia cuando tenía 17 años. Arriba. ella y otros activistas que se plantaron sentados, incluyendo James Todd, pauline Polsgrove y Richard Wiecorek, contemplan los objetos de recuerdos en la UAW, Región 1C.

 

La nación está en crisis económica, el nivel de desempleo es alto; la gente está perdiendo sus casas; los trabajadores tienen miedo de sindicalizarse, y las familias, sumidas en deudas, luchan por tener una vida mejor. Por todo el mundo, las masas se levantan contra la codicia empresarial y exigen una mejor calidad de vida, plantándose sentados y ocupando espacios en un esfuerzo unificado por ser escuchados. Estas personas —apodados por la oposición “radicales” o incluso “comunistas”— consideran que este movimiento organizativo tiene una importancia crucial en su esfuerzo por crear un cambio.

El año es 1936 —no 2012—: una época turbulenta para los obreros automotrices, cuya determinación y valentía ayudaron al movimiento laboral a ganar una mejor calidad de vida para los trabajadores y, en última instancia, crear a clase media norteamericana.

Conocido como el “Día de las Camisas Blancas”, el 11 de febrero marca el 75 aniversario de la más famosa de estas acciones de plantarse sentados: la huelga de General Motors en Flint, de 1935 a 1937.  Los hombres y las mujeres de todas partes de la UAW usan un vestuario de cuello blanco, tradicionalmente puesto por la gerencia, para recordar  los sacrificios y las victorias de los trabajadores. (VIDEO)

Pero ganar no fue poca cosa.

“Había gente que se caía por el calor, y a otros trabajadores les decían que les pasaran por encima”, recuerda Geraldine Blankinship, de 92 años, quien apoyó a la Brigada de Mujeres Auxiliares y de Emergencia cuando apenas tenía 17 años.

“No bajaban el ritmo de la línea, y no paraban. Simplemente arrastraban a la gente para fuera. Era una cosa de lo más inhumana”, agregó Blankinship, cuyo padre, Jay Green, fue vicepresidente de la huelga. Ella pasó muchas noches trabajando con su madre, Ida, miembro de la brigada de capa roja y boina que luchó valientemente para impedir las acciones de la compañía.

Los trabajadores de la planta Fisher de GM en Flint, Mich., estaban cansados de temer no sólo su propia seguridad sino la de su empleo,  por lo que iniciaron una huelga encerrándose con llave ellos mismos al interior de la planta durante el tiempo que fuera necesario hasta que la empresa reconociera su derecho a formar un sindicato y negociar un pago más alto y mejores condiciones de trabajo. El paro laboral de Flint inspiró a los obreros de otras instalaciones de GM a plantarse sentados en solidaridad también.

El futuro era algo desconocido para estos valientes y desafiantes trabajadores que temían perder sus empleos, que temían la intervención de la policía y que temían incluso que sus familias los abandonaran mientras estaban encerrados adentro.

“Yo tenía como miedo de regresar a mi trabajo de mesera”, contó riendo Pauline Polsgrove, de 93 años. Ella la última mujer sobreviviente obrera que participó en el plantón de 2936.

Richard Wiecorek, de 95 años, recordó como había “un hombre que tenía cinco hijos y se puso tan nervioso que se desmayó. No sabía si iba a recuperar su trabajo”.

Aunque la fortaleza de los trabajadores sería desafiada cuando la policía llegó a desalojarlos por la fuerza de la planta, su ánimo y el fuerte apoyo de la comunidad eran demasiado poderosos para quebrar su brío. 

Por último, algo increíble pasó que ayudaría a hacer que estuviera más cerca del final el plantón, y es que el gobernador de Michigan Frank Murphy llamó a la Guardia Nacional… para que fuera a las plantas a proteger a los obreros de la policía y de los golpeadores a sueldo de la empresa.

La huelga terminó luego de 44 días, el 11 de febrero de 1937, cuando GM reconoció a la UAW y negoció un primer contrato. Los huelguistas levantaron el acampe y salieron de la planta. Al salir se encontraron con un desfile festivo de miles de partidarios.

James Todd, de 8 años, quien todavía da clases de bailes tradicionales tres veces a la semana, era un empleado de limpieza en 1936, antes de la huelga. Todd está orgulloso de los éxitos que llegaron como resultado del movimiento de la huelga “sentada”.

“Todos nosotros obtuvimos mejores empleos… y para la gente negra. Obtuvimos trabajos que no teníamos antes, pues la mayoría del tiempo estábamos trapeando pisos. Pero después de eso, nos pasamos a las máquinas”.

En el clima de hoy, cuando los trabajadores enfrentan a los políticos cabildeados por las grandes empresas tratando de eliminar los derechos a la negociación colectiva, Wiecorek comparte su sabiduría de larga historia: “Si tienes unión sindical, retenla”.

Denn Pietro